No tan Natural como Quería: Mi Experiencia en Sala de Parto (versión ESPAÑOL)

Actualizado: 18 de abr de 2020

Hace cuatro años tuve a mi primera hija. Madre primeriza al fin, no tenia idea de todo lo que venía con el embarazo y la maternidad. Yo creía que tener un bebé era algo tan natural que yo iba a saber que hacer perfectamente… pero nada que ver. Por no saber sobre muchas cosas, terminé siguiendo instrucciones de los doctores (a ciegas muchas veces), con una experiencia de parto malísima y una recuperación más larga de lo necesario.


Por eso decidí que, si tenia otro bebé, iba a planificarlo todo para que mi proceso fuese diferente, poder disfrutar cada etapa de mi embarazo y tener un parto completamente natural… pero nuestros planes no siempre salen como queremos. Tuve exceso de líquido amniótico (polihidramnios), la bebé cambio de posición varias veces, y pasó la semana 40 y la chiquilla no quería salir, así que tuvieron que planificarme una inducción con alta probabilidad de cesárea.

Llegué el día antes para que me dieran medicamentos para dilatar y pasé toda la noche esperando. Al otro día me pusieron medicamentos para provocarme las contracciones y me ofrecieron la epidural desde antes de tener dolores. Yo me sentía bien hasta que empezaron las contracciones y de momento se dispararon. Yo no quería sentir que todo era artificial y planificado. Yo quería un parto real, pero el dolor era insoportable, así que aunque lo evité, terminé pidiendo la epidural.


Al principio vi el necesitar ayuda médica para tener a mí bebé como una derrota, me sentí incapaz y sumamente frustrada, y eso que yo solo necesité medicamentos. Montones de mujeres pasan por esto todo el tiempo, y hasta peor, sea por que tienen que someterse a procedimientos más dolorosos como las cesáreas, sea por complicaciones con el bebé o sea por que sus cuerpos simplemente no les permiten quedar embarazadas y tienen que acudir a otros métodos para tener bebés.

Después de la epidural el dolor se empezó a aliviar poco a poco. Sentía las contracciones, pero no el dolor. Llego el momento de que la bebé saliera y pude disfrutar cada segundo: pude cargarla sin sentir que moría de cansancio, pude amamantarla, puede ver como mi esposo cortaba el cordón y disfrutar de su emoción. Pude estar presente, y todo gracias a esos medicamentos.

“No te preocupes baby, no tienes nada que probar”

Eso fue lo que mi esposo me dijo en la sala de parto mientras yo lloraba de dolor por no querer anestesia, y tuvo toda la razón. Por más cierto que sea el hecho de que mientras más naturales sean las cosas es mejor, no está mal recibir ayuda. No está mal aprovechar que vivimos en una época en que los avances pueden facilitarnos la vida al punto de darnos más tranquilidad en cuanto a nuestra salud y bienestar, darnos oportunidades que de otra forma no se podrían o el que simplemente no pasemos tanto trabajo, dolor, o incomodidad innecesaria.

La naturaleza es perfecta, y por lo tanto nuestros cuerpos también. Toda mamá merece sentirse orgullosa de su proceso, sin importar cuales sean las circunstancias que haya tenido que atravesar para ser mamá porque tener un bebé es una gran responsabilidad, yo diría que es el trabajo más difícil del mundo, pero también es el mejor regalo que la vida nos puede dar y somos sumamente afortunadas de llevar ese título.


Mamá que me lees: Olvídate de complejos, de comparaciones y de frustraciones. Tú proceso es único y mientras sigas haciendo tu mejor esfuerzo lo estás haciendo brutal.

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